Rita era una niña que vivía en una gran ciudad, ansiosa por conocer el campo, siempre le decía a su madre:
-¿Cuándo iremos al campo? Quiero ordeñar vacas, pastorear con ovejas y andar a caballo!
-El campo es muy lejos- respondía su madre- pero el domingo te llevaré a un lugar donde podrás conocer muchos animales. ¡El zoológico!
El domingo amaneció lluvioso, Rita se entristeció porque no le gustaban los días de lluvia, y además pensó que no haría ese paseo, pero su madre le dijo:
-¡Iremos igual! ¡Podrás conocer muchos animales a los que sí les gustan los días de lluvia y se sienten felices!
Cuando llegaron al zoológico descubrieron rápidamente hipopótamos, tortugas marinas, focas, pingüinos, un oso polar, todos animales acuáticos que contentos jugaban bajo la lluvia y algunas ardillas y liebres que salían a caminar y salpicarse en los charcos!
Rita preguntaba:
-¿Dónde están todos los demás?
-Escondidos, bajo techo! Volveremos un día de sol para ver a todos los que hoy no están. ¡Podrás divertirte con los otros animales, así como estos disfrutan los días de lluvia, conocerás el resto que salen a jugar felices los días de sol!
Todas la mañanas la Sra. Eulagia llevaba comida a su tortuga: zapallitos, lechuga, manzanas y las riquísimas las flores de la rosa china.
Una mañana la Sra. Eulagia vio que había muy pocas rosas chinas y pensó:
-Alguien está comiendo todas las rosas chinas, pero no puede ser la tortuga Tita, ella no puede llegar tan alto...
Entonces le preguntó:
-Tita, tu has comido todas las rosas chinas que había en la planta?
-No, yo solo he comido las que tu me trajiste!
Eulagia decidió levantarse muy temprano para averiguar quién se llevabas las rosas chinas. Al amanecer vio que las tortugas que vivían en terraza de la casa de al lado llegaban fácilmente hasta las ramas altas de su planta y desde ahí cortaban todas las flores.
Eulagia las llamó y les propuso:
-Puede ofrecerles una comida mucho mas variada con manzanas, zapallitos, lechuga, a cambio de no llevarse todas las flores que están en lo alto.
Felices las tortugas vecinas, disfrutaban todos los días su rica y nutritiva comida, y hasta habían encontrado una nueva amiga, la tortuga Tita!
La Valiosa Vale era una vaquita de San Antonio que vivía en un castillo, era la compañía preferida de la pequeña princesa, la cuidaba con mucho cariño, le había preparado como hogar una vieja pecera con una tapa con agujeritos para respirar decorada con flores y pequeños muebles y hasta una cama para dormir en las noches. Pero un día la pequeña princesa vio que la Valiosa Vale estaba perdiendo sus hermosos colores y fue a consultar a la veterinaria que cuidaba todos los animales del castillo:
-Podría decirme por qué mi Valiosa Vale tiene cada día menos colores?
La veterinaria le respondió:
-Princesa, Ud. cuida mucho a su Valiosa Vale, pero es necesario que salga a tomar aire y sol, porque si sigue viviendo en esa pecera se va a enfermar.
La princesa temía que si abría la tapa la Valiosa Vale no volviera, pero comprendió que era necesario hacer el intento.
Abrió la tapa y la Valiosa Vale salió volando feliz.
Todos los días la pequeña princesa recibe la visita de la Valiosa Vale y muchos amigos para jugar en esa maravillosa pecera.
Y tú amigo, has visto alguna vez una Vaquita de San Antonio?
Presentación del libro: El invento del dulce de leche "Quinta Los Ombúes" Museo, Biblioteca y Archivo Histórico Municipal de San Isidro Dr. Horacio Beccar Varela